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  • El uso de plástico en todos nuestros ámbitos de la vida y que nos ayudan a llevar una “vida más fácil”, son las que también están perjudicando a nuestros océanos a un ritmo alarmantemente preocupante.
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EL PLÁSTICO Y SU IMPACTO EN EL MEDIO AMBIENTE

 

El plástico, esa sustancia material resistente y persistente, presente hasta en el lugar más inimaginable, ese elemento que nos acompaña en nuestro día a día y que, cuando pierde su función, acaba formando parte de uno de los lugares más importantes de este mundo, el mar.

 

¿Conocéis la famosa historia de los patitos amarillos de goma perdidos en el mar hace unos 20 años a consecuencia de la caída de un contenedor que transportaba juguetes? Es muy curioso pensar que estos muñecos tan graciosos han navegado por las corrientes marinas como un miembro más de este hábitat, pero a pesar del tiempo que ha pasado desde que ocurrió esto, ¿sabéis que a día de hoy se siguen encontrando patitos amarillos en playas de todo el mundo? Si vuestra respuesta es sí, sabréis que la noticia no es tan bonita como pintaba al imaginar a los patitos flotando en el mar.

 

Nuestro ritmo de vida, las facilidades que existen hoy en día para poder comprar algo que “nos apetece en ese momento”, los millones de instrumentos que “nos facilitan la vida”, que nos llevan a “no preocuparnos por nada”. Estas acciones tan habituales como ir al supermercado a por una sola cosa y pedir una bolsa, volver después por un olvido, y pedir otra, tener una reunión familiar o con amigos y consumir comida y bebida en platos de plástico para no fregar después. Todas estas acciones diarias que nos ayudan a llevar una “vida más fácil”, son las que también están perjudicando a nuestros océanos a un ritmo alarmantemente preocupante.

 

Estas acciones ocasionan consecuencias muy negativas en el ambiente marino, entre otras cosas, porque el plástico entra a formar parte de la vida de los animales que viven en ese hábitat.

 

Destacan los daños que este material puede producir en los animales, tales como la asfixia, el estrangulamiento o el atragantamiento. Pero el plástico también se deshace en pequeños fragmentos, convirtiéndose en microplásticos que son ingeridos por los animales marinos; sobre todo por los que se alimentan mediante filtración, ya que los confunden con su alimento habitual.

 

Este problema no radica solamente en la presencia de plásticos en lugares donde no deben estar, sino también en la composición química de dichos elementos, la cual tiene efectos muy perjudiciales para la salud, tanto de los animales marinos como de la nuestra, ya que al comer pescados, crustáceos o moluscos, los microplásticos que estos animales habían ingerido entran a formar parte de nuestro organismo. Situación cada vez más frecuente

 

Tenemos que ser conscientes, y concienciar a nuestra sociedad, de que esto es un problema que podemos detener, que se puede solucionar y que, con la ayuda de todos, se puede revertir.

 

¿Por qué no nos sumamos a Tailandia y empezamos a sustituir las bolsas de plástico por las hojas de los plataneros para envolver los productos en los supermercados?

 

 
Sobre el Autor: Lucía Molinillo

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Alumna del Curso Superior en asistencia a la atención clínica en centros veterinarios y Alumna Premium de la Escuela de Veterinaria de MasterD
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