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Ya está el otoño a las puertas. Sin darnos cuenta el verano ya es casi historia, pero no todo acaba con el verano y nuestras principales vacaciones. Cada estación tiene sus misterios, sus secretos y sus encantos. Es lo que pasa en otoño. Cuando dejamos la estación de la luz para adentrarnos en la de los colores y contrastes de la naturaleza, ésta no solo nos brinda esto, sino que además nos regala sonidos e imágenes de un “amor” que hay que ganárselo, como en el caso de los ciervos, que cada otoño inundan nuestros bosques con roncos berridos reclamando el favor de las hembras para poder perpetuar la especie a través de la selección natural que se realiza en todo este proceso y que permite que los más fuertes sean quienes transmitan su genética a futuras generaciones.

 

Conocemos como berrea ese periodo de celo, en el que el ciervo macho emite unos sonidos guturales que consiguen un efecto atronador en los bosques. Se trata, en todo caso de una demostración de fuerza por conseguir el favor de las hembras y, como hemos dicho, garantizar el futuro de la especie.

 

Es el comienzo del otoño boreal quien marca el comienzo de este espectáculo. Momento en el que los machos demuestran su poderío y así conseguir adueñarse de un territorio ( a ser posible rico en alimentos y agua), y de un buen número de hembras (hasta 50 en algunos casos).

 

Las demostraciones de poder de los machos, no solo incluyen los berreos, sino que además participan en luchas rituales incruentas en las que la exhibición de sus imponentes astas es parte importante de todo este ritual.

 

De estas demostraciones son testigos de primera fila las propias hembras, que no pierden detalle, al igual que el cada vez más numeroso número de viajeros que cada año quieren ver de cerca este maravilloso momento que nos brinda la naturaleza.

 

Este espectáculo de sonidos  guturales, como de golpes en el suelo con las cuernas y todas las marcas que los machos dejan en el territorio intentando mostrar su poderío y presencia al resto de machos, por desgracia no es ajeno a muchos furtivos que aprovechan esta circunstancia para ejercer su ilegal actividad delictiva.

 

Tras la berrea, tras ocho meses, las hembras parirán un cervatillo, que no se separará de su madre hasta el año siguiente en que tenga el siguiente parto.

 

Los principales lugares de España donde podemos disfrutar de este espectáculo son los siguientes:

 

 

 
Sobre el Autor: Escuela Veterinaria MasterD

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Escuela Profesional de Veterinaria de MasterD.
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