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AMENAZAS PARA LOS CETÁCEOS

 

Los cetáceos, ballenas y delfines, son un grupo de mamíferos marinos que siempre han llamado mucho la atención de los humanos, tanto por su belleza como por su inteligencia.

 

Por desgracia, varias de estas especies están en peligro de extinción a causa de la multitud de amenazas que hacen que sus poblaciones vayan disminuyendo paulatinamente. Ahora bien, todas las amenazas que afectan a los cetáceos están estrechamente relacionadas con la actividad humana: pesca ilegal, vertido de basuras a los mares, colisiones de barcos, contaminación química de las aguas, contaminación acústica por el ruido de los barcos y sónares que afectan a la comunicación entre estos animales. Y, claro, el cambio climático, causado principalmente por el efecto invernadero resultante de la emisión de CO2 y otros gases a la atmósfera.

 

La principal consecuencia del cambio climático es el aumento de la temperatura media del planeta, incluyendo la temperatura de las aguas continentales (ríos y lagos), de las oceánicas y de las glaciares, lo que provoca el deshielo de estos últimos y de los polos ártico y antártico. Pero el incremento de temperatura tiene muchas otras consecuencias, como es la modificación de la salinidad y de la profundidad de los mares y océanos. Y esto tiene mucha más importancia de lo que podría parecer, ya que los habitantes del mar eligen sus zonas de alimentación, reproducción y rutas migratorias basándose precisamente en estos parámetros, por lo que su alteración, les obliga a buscar nuevos lugares para vivir.

 

Un ejemplo preocupante lo tenemos en las especies de ballenas de barbas que se alimentan en las costas antárticas de krill, un pequeño crustáceo que come un tipo de alga que se desarrolla bajo las placas de hielo de la Antártida. La destrucción de estas placas debido al deshielo de los polos limita el crecimiento de las algas y, como consecuencia, la población de krill. De manera que las ballenas deben buscar comida en otras zonas, viéndose obligadas a variar sus rutas migratorias y sus lugares de reproducción.

 

El calentamiento global puede parecer una cuestión poco preocupante porque la temperatura media global sólo ha subido algunos grados pero, en realidad, tiene consecuencias devastadoras en los ecosistemas.

 

Todos nosotros debemos variar nuestra forma de vida para frenar el cambio climático. Muchas personas piensan que son los gobiernos y las grandes industrias quienes deben modificar sus leyes y actividades, y efectivamente deben hacerlo, pero como individuos también podemos modificar algunos de nuestros hábitos y colaborar así a frenar el cambio climático. Pero ¿cómo?...

 

No hay grandes secretos, la aportación de cada uno de nosotros debe basarse en cosas tan simples y lógicas como reciclar todo lo posible, no tirar basuras a los retretes ni al medio ambiente, emplear transportes no contaminantes (como bicicletas o vehículos eléctricos) o colectivos, contratar compañías eléctricas verdes que produzcan energía con fuentes renovables… Con estas cosas, con esta actitud, estarás contribuyendo a salvar a las ballenas y otras muchas especies afectadas por el cambio climático.

 
Sobre el Autor: Carla Soler

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Licenciada en Veterinaria por la Universidad de Zaragoza. Veterinaria y profesora de la Escuela de Veterinaria de MasterD
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